Carlos Martinoya y Nahum Joel


JUAN CARLOS MARTINOYA R.
Abstractoscopio Cromático, el “Robot de la Pintura Abstracta”

 Por David Maulén

 En el año 1960 el físico Carlos Martinoya, y el cristalógrafo Nahum Joel, exponen: “el robot de la pintura abstracta” en la Feria de Artes Plásticas. Evento desarrollado en el Parque Forestal de Santiago de Chile, anexo al Museo Nacional de Bellas Artes.

El objetivo de este trabajo fue democratizar en la ejecución de arte “abstracto”, utilizando el espacio público. El planteamiento entonces fue hacer una diferencia con los pintores genéricamente llamados “geométricos” o “abstractos”.

Martinoya y Joel construyeron un aparato mecánico a través del cual un foco de luz atravesaba cristales birefringentes, generando con discos en movimiento donde se colocaban estos cristales la proyección de colores. Los cristales funcionaban como prismas en movimiento, atravesados por la luz.

La búsqueda de J. C. Martinoya se enmarca en una voluntad representativa de destacados agentes de la vanguardia en Sudamérica, después de la segunda guerra mundial. El objetivo principal está en las relaciones entre arte, ciencia, tecnología y sociedad, y sobre todo en recomponer los procesos de construcción del significado que habían sido fragmentados en el proyecto de “progreso” del siglo XIX.

Desde sus estudios de ingeniería, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, este creador se interesó por los problemas de la vivienda social, iniciando su trabajo profesional en el Ministerio de Obras Públicas, al mismo tiempo que incursiona en la política, de la que debe retirarse por recomendación médica. Ambos intereses develan su carácter sensible hacia la sociedad, y el lugar que la tecnología podía tener en ella.

Como joven profesor de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, le corresponde trabajar en la implementación del primer acelerador de partículas, en el año 1954.


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En esta época también se empieza a interesar de manera autodidacta por el estudio de la percepción visual, inaugurando un curso en la Facultad de Medicina de la misma Universidad, el cual era mirado con cierta distancia por los académicos médicos que veían como extraño a este joven ingeniero.

Consta en las actas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, que en el año 1958 el ya insistía en la importancia de la fundación de un Departamento de Computación (informática) en esta entidad.

Es en esta época que profundiza sus estudios en cristalografía con el profesor Nahum Joel, con el cual construirían el “Abstractoscopio Cromático”, o “Robot de la Pintura Abstracta”, que exponen por primera vez en la Feria de Artes Plásticas del Parque Forestal del año 1960, con la idea que cualquier dueña de casa, o niño, pudiera entender los conceptos de la cristalografía y elaborar sus “pinturas abstractas”, pero esta vez en el espacio libre.

En el primer año de la Revista Leonardo, editada por MIT Press en 1968, N. Joel y C. Martinoya publican un artículo contando esta experiencia.

A inicios de los años sesenta Martinoya emprende la gran empresa de crear la Facultad de Ciencias, independiente de la su Facultad de origen, para potenciar la formación de biólogos, matemáticos y físicos, profesionales del país. Sin necesidad de pasar por el plan común de ingeniería o medicina, o tener que iniciar un pregrado en el extranjero. Era una época en la que aún la Universidad era una estructura clave para la investigación aplicada en el modelo de estado desarrollista.

La investigación artística, por otro lado, lo llevó en 1967 a presentar una serie de experiencias llamadas: “Alucinoscopio”, en la Galería Central de Arte de Carmen Waugh, ubicada en el centro de Santiago de Chile. Es en ese mismo período que se une a un grupo experimental de dos psicofisiólogos, Susana Bloch y Guy Santibáñez, los cuales junto al Director de teatro Pedro Othous, elaboraban una metodología para el: “entrenamiento psicofisológico de actores”.

Santibáñez fue uno de los fundadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, desde ese lugar había implementado un curso de Epistemología de la Psicología.

Martinoya, Bloch, Santibáñez y Orthous se agruparon con un sociólogo, un antropólogo, y dos artistas visuales que investigaban la relación del arte con la ciencia y la tecnología, para reemplazar la clase de Santibañez sobre epistemología, por un innovador curso sobre las relaciones interdisciplinarias. Los profesionales de las ciencias sociales y las humanidades Luis Strozzi y Arístides Giavelli. Fueron incorporados junto a Carlos Ortuzar, quien había realizado una corta vista al recién inaugurado CAVS MIT, buscando caminos para traer este modelo a Chile, y años atrás también había realizado estudios en el Pratt Institute y en la New School of Social Research. La otra artista visual perteneciente a la agrupación era Virginia Huneeus, quien acababa de realizar 2 años de residencia en el CAVS del MIT.

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Este grupo organizó publicaciones y exposiciones en la galería del Ministerio de Educación, y otros lugares. A este punto Martinoya al ser entrevistado por la Revista del Domingo, del periódico El Mercurio, declara: “ya tenemos la técnica, y ahora qué?”.

En paralelo Martinoya seguía generando proyecciones estroboscópicas en el espacio público, como la que elaboró para la fachada del Museo Nacional de Bellas Artes, durante la exposición de la artista argentina Lea Lublin.

Sin abandonar sus investigaciones como científico, después del golpe militar de septiembre de 1973, partió exiliado al CNRCF, en Paris, donde continuó colaborando con Susana Bloch, y Francisco Varela, hasta su retorno a Chile en los años noventa.

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CC Se autoriza la reproducción citando la fuente y a su autor.

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ABSTRACTOSCOPIO CROMÁTICO

Nahum Joel y Carlos Martinoya

(Carlos Martinoya y Nahum Joel)

En diciembre de 1960 se realizó en Santiago de Chile, a orillas del río Mapocho, una exposición de arte al aire libre (Feria de Artes Plásticas). Esta exposición constituye un acontecimiento importante en Santiago y, como cientistas que nos interesamos por el arte, decidimos que sería una buena ocasión para mostrar al público en general una forma de expresión que pudiera constituir un lazo entre la ciencia y el arte, entre los fenómenos naturales y las emociones estéticas.

Pensamos que los colores que se obtienen por interferencias de luz polarizada en cristales birefringentes serian un buen ejemplo. Uno de nosotros ha realizado investigaciones en este campo y ambos hemos mostrado este efecto en repetidas ocasiones a nuestros alumnos de física y cristalografía; las reacciones de estos nos hicieron pensar que también al público podría interesarles. Al discutir el programa y los detalles técnicos de la “presentación”, uno de nosotros descubrió una serie de hermosos efectos: al reemplazar los cristales por trozos de celofán incoloro (que es también birefringente), ya sea cortados, doblados o arrugados en diversas formas, tamaños y texturas, y observando esta muestra de celofán entre polaroides, se ve el diseño formado por el celofán en una gama muy rica de colores. Estos colores muestran asombrosas variaciones cuando se gira uno de los polaroides o cuando la muestra de celofán se gira o se inclina. Más aún, los colores también varían si se agrega entre los polaroides, a través de todo el campo de visión, una hoja de celofán (o varias hojas superpuestas).

De esta manera se puede componer una gran variedad de cuadros abstractos, y cualquiera persona que tenga dos láminas de polaroide, celofán e imaginación puede hacerlos y gozar observándolos. Esto nos parece muy atrayente, y recomendamos este arte, deporte o juguete (el nombre depende de la actitud con que se le considere) a las personas que tengan una imaginación creadora o que deseen desarrollarla.

En seguida reemplazamos la observación visual por la proyección en una pantalla, con el propósito de que muchas personas pudieran ver los cuadros al mismo tiempo, Hicimos esto simplemente colocando los motivos de celofán en marcos de cartón o plástico de los que se usan para proyectar diapositivas de 35mm. Todo lo que se necesita es dos polaroides, un proyector de diapositivas y una pantalla.

La presentación estaba empezando a tomar forma. Preparamos también una serie de diapositivas que explicaban las bases científicas de los “cuadros” y conseguimos marcos y celofán para permitir al público componer sus propios cuadros

Sin embargo, decidimos que aparte de todo esto, sería interesante construir un aparato automático para variar continuamente la composición y el colorido del cuadro. De esta manera el público llegaría a apreciar mejor las posibilidades de este medio de expresión. Conseguimos esto por medio de tres discos de vidrio incoloro, de diferentes diámetros, los que se movían lentamente por medio de un motor eléctrico. Las muestras de celofán fueron pegadas en el vidrio cerca de la periferia de cada disco. La posición de los tres ejes paralelos era tal como para permitir una superposición de los tres discos sobre un área de más o menos 5 centímetros de diámetro. Esta área fue cubierta por medio de un marco de diapositivas de 35mm. La luz de un proyector de 500w fue polarizada y enviada a través de estos discos, y la imagen del diseño compuesto de este modo fue enfocada en una pantalla por medio del lente del proyector (este lente tuvo que ser destornillado y hubo que hacer además otros pequeños cambios mecánicos en el proyector). El segundo polaroide, colocado después del lente proyector, giraba continuamente movido por el mismo motor que movía los discos. Las velocidades angulares relativas fueron ajustadas de manera que en muchas horas de funcionamiento cualquiera de sus composiciones aparecía sólo una vez. Aun cuando sabíamos que podíamos obtener de la máquina, nos quedamos atónitos por la belleza y riqueza de los diseños que se sucedían en la pantalla, en permanente movimiento.

Denominamos este aparato “abstractoscopio cromático” y pensando en el público en general, más aficionado a los nombres espectaculares, le agregamos ”el robot de la pintura abstracta”. Estábamos realmente curiosos por ver la reacción del público… y de los pintores, y esperamos ansiosamente la apertura de la exposición.

El público demostró gran interés, más de lo que esperábamos, tanto por el aspecto estético como por el científico. Leyeron y escucharon atentamente las explicaciones científicas, hicieron preguntas, y estuvieron entusiasmados ante los experimentos de crecimiento de cristales que hicimos y que pudieron observar proyectados en la pantalla. Comprendieron así lo atractivo que puede ser el estudio óptico de cristales en luz polarizada. Aprendieron también a hacer todo esto sin polaroides, usando la luz parcialmente polarizada del cielo azul y la polarización de la luz reflejada por un vidrio.

El público respondió generosamente al desafió de la máquina, componiendo gran número de diseños en celofán; la “abstractoscopia” se hizo así muy popular, y en una forma muy creativa. Los niños fueron los menos inhibidos y crearon las composiciones más atrevidas. Todos se asombraron de que fuera tan fácil componer cuadros abstractos tan extraños, con coloridos tan inesperados. Pronto algunos empezaron a desarrollar “estilos” propios. Algunos hasta trataron de adivinar que colores tendrían los diseños en la pantalla. Casi todos se asombraron de que se pudieran obtener tantos colores, y tan hermosos y variados, sin ningún filtro coloreado, y de que todos los colores desaparecieran al sacar uno de los polaroides.

Respecto a los pintores, unos pocos pensaron que esta era otra intrusión indeseable de la ciencia en la vida humana. La mayoría de ellos, sin embargo, estuvieron muy entusiasmados y vieron en el “abstractoscopio” una poderosa fuente de inspiración.

En cuanto a nosotros dos, esta fue una experiencia muy satisfactoria, llena de placer estético y muy de acuerdo con nuestra imaginación y sentido de los colores. Fue además otra revelación de lo bello que pueden ser algunos fenómenos físicos, tanto en la naturaleza como en el laboratorio.

Carlos Martinoya, Nahum Joel

Instituto de Física y Matemáticas

Universidad de Chile

casilla 2777

Santiago Chile

Traducción del artículo del número 2 de la revista Leonardo de Frank Malina y Gyorgy Kepes en 1968, CAVS MIT.

Fuente texto Abstractoscopio cromático (Carlos Martinoya y Nahum Joel): Aquí

 

http://elmartinoya.wordpress.com

http://www.cec.uchile.cl/cinetica/pcordero/recordando/galeria2.html