Osneldo García

Osneldo García Díaz (1931). Importante escultor cubano. Premio Nacional de Artes Plásticas.

abril2012020Nació el 7 de noviembre de 1931 en las lomas de Puerto Escondido, Mayajigüa, provincia de Sancti Spíritus. Con el asesoramiento de su padre en cuanto al uso del hacha y la azuela, junto a los conocimientos suministrados por magníficos carpinteros ebanistas de la zona, se desbordó desde la niñez su pasión por el arte tridimensional. A los dieciséis años viaja a la capital con expectativas económicas y un firme propósito: matricular en la Academia San Alejandro (1949) y aprender con el profesor Juan José Sicre, quien afianzó aún más su pasión por la escultura. Se graduó en la prestigiosa institución en 1955.

Se alejó por unos años del arte por su vinculación con el Movimiento 26 de Julio como dirigente clandestino y combatiente. Pero en 1959 labró en madera un conjunto de bustos de héroes revolucionarios que formaron parte de su primera exposición personal ese mismo año en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En 1960 viajó a Estados Unidos y visitó el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Guggenheim, en los que se enfrentó a Picasso y a la colección de bronces de Henri Matisse. Al año siguiente, desde Cuba, participó en la Bienal de São Paulo, Brasil, con una obra erótica de corte abstracto realizada en mármol. Seguiría trabajando en dicho estilo durante su posterior estancia en Europa por más de cuatro años en el primer lustro de la década del 60.

En 1962 recibió una beca del Consejo Nacional de Cultura, para estudiar por dos años la forja de metales en el Instituto Superior de Arte en Halle (heredero de la Bauhaus), en la antigua República Democrática Alemana. Este aprendizaje, sumado a la práctica de motociclismo y mecánica, y a la curiosidad que despertaron en él los trucos de los cirqueros en su pueblo natal, hizo surgir la primera incursión seria en el arte cinético, ayudó a generar en él un nuevo concepto escultórico, y a elevar a la categoría de arte objetos banales y extrartísticos, en perfecta consonancia con sus coterráneos Antonia Eiriz, Orfilio Urquiola y Chago Armada. Fue allí en la RDA, y posteriormente en Francia, donde cuajó dicha proyección al aprovechar los nuevos conocimientos adquiridos en función de la obsesión de siempre: integrar lo orgánico a lo mecánico, humanizar la escultura.

En 1964 viajó a París, donde desde 1960 el Groupe de Recherche Visuel (GRAV) incursionaba en el cinetismo a través de experiencias públicas y colectivas. Entonces, aún se mantenía la atmósfera del nuevo realismo que proclamaba la estética del reciclaje de objetos a partir de los despojos del consumo y potenciaba el desecho urbano como nuevo material del arte. Esto lo llevó a la construcción de ensamblajes como apropiación inmediata y corpórea de la realidad. Era una época de contestación juvenil, de colores chillones y carrocerías excéntricas, de manifestaciones desprejuiciadas de lo erótico en la escena internacional. Según criterio de José Villa, otro importante escultor cubano, el mayor aporte de Osneldo está en su capacidad para “reciclar partes y piezas de mecanismos viejos, aparentemente inútiles, que su mirada inquisidora descubre y transforma en la forma precisa y necesaria de su escultura”.

vía EnCaribe – Osneldo García.


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